Los hijos de los otros


Durante mis años de búsqueda de embarazo, esos años en los que he tenido que enfrentarme a la infertilidad y a un tratamiento de reproducción asistida, han corrido rumores de que yo he odiado a los hijos de los demás, quizás esta es la la imagen que yo he dado hacia afuera pero la situación era completamente otra. 
¿Cómo iba a odiar a los hijos de los demás? ¿Qué culpa iban a tener los otros niños de mi situación? Pues ninguna culpa, nadie tiene la culpa de lo que mi marido y yo hemos tenido que pasar.
Me mantuve distante de los hijos de los otros, distante porque dolía, era un dolor añadido a todo lo que ya estaba sufriendo, en algún momento incluso dolía porque llegué a pensar que jamás lograría ser madre, me pintaron tan mal lo de mi tensión y mis riñones que me hicieron pensar que sería imposible.
Me mantuve distante porque los hijos era aquello que yo tanto anhelaba, que tantas personas a mi alrededor tenían, y para mi la maternidad estaba muy lejos, sentía dolor porque en mi corazón yo era una madre vacía, en mi corazón yo me sentía madre desde hacía muchísimos años y al llegar la noticia de que tendría que recurrir a la medicina reproductiva para poder conseguirlo el mundo se desmoronó para mi y mi corazón se hizo pedazos.

No paraban de llegar noticias de embarazo, por las cuales yo me alegraba, claro que sí, pero por otro lado no podía dejar de pensar eso de "ella sí y yo todavía no", por mi cabeza se cruzaban frases del estilo. Tengo que reconocer que aun ahora que mi hija tiene seis meses me duelen los embarazos de las demás porque sé que a mí me será imposible volver a pasar por ello.

He mantenido distancia por el dolor, por el propio dolor que me causaba la maternidad de otras personas, pero jamás por odiar a esos niños, odiaba mi propia situación, estaba entristecida, enrarecida, devastada, si no tenía ni ganas de hacer otras muchas cosas ¿cómo iba a tener ganas de pasar tiempo contemplando lo que yo tanto quería? 

Se que desde fuera esto es muy difícil de comprender, que casi se hace imposible entenderlo y que quienes hayan pasado o estén pasando por ello entienden a la perfección esto de lo que hablo. Yo me sentía como cuando a un niño se le enseña un caramelo pero se le dice que no lo puede comer, sentía incluso envidia de ver a esas familias.
Me ayudó el año de terapia, claro que me ayudó, porque aprendí a centrarme en las cosas buenas que tenía en mi vida, aprendí a no pensar en lo que no tenía, aprendí a no centrarme en esa ausencia pero aún con esas siempre que me cruzaba con una embarazada yo agachaba la cabeza o miraba para otro lado.

Si alguna vez llegue a sentir odio fue hacia mi misma, fue odio hacia mi misma situación, odio hacia esa cantidad de sentimientos enfrentados que me causaba ver a los hijos de los otros.



          

Comentarios

  1. Cómo te entiendo...
    Recuerdo que antes de ponerme en lista de espera me dieron unos folletos con información y hablaban, entre otras cosas, de efectos secundarios. Uno de esos efectos era problemas mentales derivados de la falta de éxito del tratamiento y pensé '¡que exageración!' y después lo viví en los propias carnes... Es difícil empatizar por algo que nos has pasado...
    Besos

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  2. Hola,
    Llegué a tu blog de casualidad.. hace cuatro años que intento ser madre, y sin resultados todavía. No hemos pasado todavía por un invitro, aunque puede que esa sea algo a considerar. Me da un poco de miedo, lo confieso. Estamos tratando de ver si con tiempo y pastillas los valores de mi marido mejoran, lo operaron hace seis meses de varicocele, etc.
    En fin, que me sentí algo identificada con este post. No tanto por los niños, sino por la parte en cuando te enteras del embarazo de otras. Es esa ambivalencia, el alegrarse por un lado pero por el otro ponerse bien triste, pensar en porque a mi no..
    Y bueno, yo mantengo mis esperanzas, es un sueño que quiero cumplir.
    Mientras tanto tratando de estar bien, de agradecer todas las cosas que tengo, de disfrutar de la vida igual.
    Saludos,

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