Cosas de clientes

Entre vacaciones y baja llevo tres semanas sin pisar el trabajo.
Ayer me reincorporé y lo hice a lo grande porque tuve el cliente que se lleva la estrella a cliente destacado de la semana (¡y eso que aun estamos a martes!).

En el primer post que dediqué a mis queridos clientes os dije que trabajo de cara al público, paso a explicar un pequeño detalle para que entendáis la situación, porque ayer me quedé como se queda Alma de Mami cuando alguien intenta meter las narices donde no le llaman. ¿peerdonaaaa???

Donde trabajo, si uno quiere beber algo tiene dos opciones: coger una botella de un refresco y pagar lo que cuesta la botella y ya está o coger un vaso vació, se paga en caja y después se puede rellenar el refresco cuántas veces se quiera (yo con muchos que no se lo terminan de creer bromeo y les digo que pueden beber hasta que el automático se quede vacío).

Bueno, pues la situación de ayer fue así:


Cliente varon (soy mala para esto de las edades, pero digamos que entre los 30 - 40 años) paga un postre y un refresco para rellenar, le pregunto si quiere el ticket y me dice que no lo necesitaba.

Cuando yo ya estaba cobrando al siguiente cliente, una mujer de la misma franja de edad, vuelve el señor cliente con el vaso en la mano y me dice: bueno, me lo he pensado mejor y si, quiero que me de el recibo por si después tengo problemas en la caja, que el vaso ya lo he pagado.


Lo primero que se me pasó por la cabeza es que hay mucha gente que se pasea por toda la tienda con los vasos y después vuelven al restaurante y siguen rellenando el mismo vaso, pero antes de que me diera cuenta la mujer a la que estaba cobrando en ese mismo momento (que ahí es donde me enteré que iban juntos) le dice al señor cliente que no, que el vaso no lo ha pagado, que ha pagado el refresco y que el vaso se queda en el restaurante cuando termine su consumición, que no es que se pueda llevar el vaso a casa.

A todo esto yo con poker face y flipando en todos los colores de la gama cromática sin saber que decir esperando la reacción del señor cliente ante las palabras de su acompañante.

¿En serio este señor cliente pensaba que el vaso de cristal del restaurante iba incluido en el precio del refresco? En los tres años que llevo trabajando en este sitio nunca me había pasado nada similar.
Al menos esta vez me he reído un montón porque al final el señor se ha dado cuenta de la estupidez de la situación.

La próxima vez que vaya a la compra al Migros preguntaré si la cestita naranja que utilizo para recolectar los productos también está incluida en el precio final del ticket. Es igual de absurdo.

Tengo muchas mas historietas de clientes para contar, podría llenar el blog solo de historietas, pero anécdotas como esta se llevan medalla de honor.


¡Un saludo y hasta la próxima!

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