El de las ganas de sonreír



No ha sido un año fácil, más bien diría que ha sido un año difícil. 
Vuelvo a tener una sonrisa en la cara pero no ha sido nada sencillo llegar hasta donde estoy ahora.

Me miro al espejo y ya no son ojeras y tormentos lo que veo, me miro al espejo y veo una gran sonrisa con la que me enfrento al día que me espera, sea lo que sea ahí está mi gran y potente sonrisa. 

No ha sido fácil llegar hasta aquí porque me he tenido que enfrentar a mis miedos, antes de nada hacerlos reales y ser consciente de su existencia, de esta manera se han ido haciendo más pequeños. 
Tampoco ha sido fácil aceptar que está bien estar triste, ser consciente de las frustraciones, la rabia y la tristeza ha sido una gran herramienta, no hay que luchar contra estos sentimientos, están ahí y es lo único que necesito saber, dejarlos fluir sabiendo que es algo pasajero, algo que al día siguiente se va difuminando. 
No ha sido un año fácil porque enfrentarme a mis propios demonios y a mi misma en muchas ocasiones ha supuesto conflictos muy grandes y aceptar la realidad me ha costado mucho.

Vuelvo a tener ganas de sonreír, vuelvo a sonreír por dentro. 

Sigo sin madre en el sentido estricto de la palabra. Soy madre hace muchos años pero todavía no se ha hecho realidad, pero no importa porque soy otras muchas cosas y mi vida está llena de cosas maravillosas. 
Esto no quiere decir que haya renunciado a mi sueño, no quiere decir que me haya rendido, todo lo contrario, esto es el síntoma de que me he hecho más fuerte para enfrentarme a mi vida.

Ahora sonrío y además tengo el valor de mirar a los demás con la intención de contagiar esta sonrisa.

Sonrío con ganas y con fuerza y siento que es mi mejor arma para enfrentarme a la vida. 




               

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