Un huracán de sentimientos

Estas dos semanas de vacaciones han sido un sueño, han sido dos semanas infinitas.
En febrero te conté que nunca había cogido tantos vuelos en dos semanas y a principios de marzo volví a esas calles que me sabía de memoria en la infancia.

Si la memoria no me falla fue allá por 2004 la última vez que estuve en Galicia, yo aquel año cumplía 20 años. Lo recuerdo porque fue el verano en el que escribí aquel texto con el que después participé en el programa de El aspersor de Radio 3. Para mi aquella época fueron lo que yo llamo Mis años Dorados, solo había sueños, felicidad y muchos pájaros en la cabeza.
Ahora tengo 32 así que echa la cuenta de cuántos años han pasado.

Lo de los 6 vuelos ha sido porque el recorrido ha sido Zürich - Madrid - A Coruña y la vuelta A Coruña - Madrid - Zürich. Pasamos dos días en casa por la exposición de fotos de Marido y de domingo a domingo nos hemos estacionado en Valencia. Así que ha sido un recorrido de muchos kilómetros.

No quise contar nada en estas páginas porque ha sido un viaje express y nadie de la familia sabía que Marido y yo íbamos a ir por allí hasta que nos plantamos en su puerta. Han sido muy pocos días y no he podido visitar a todas las personas que me hubiera gustado ver pero no será la última de las visitas.

 

Han sido unos días preciosos llenos de amor, llenos de muchísimos recuerdos. En las playas de Galicia siempre he sido felíz, no se si es porque yo era todavía una niña y aun no había preocupaciones o es que simplemente allí desconectaba del mundo real.
Cuando Marido y yo fuimos a visitar mi playa preferida, según se despejaba el bosuqe de eucaliptos y apareció la playa no pude evitar llorar de la emoción. Con mucho humor digo que han sido unos días de drama total, porque además era el último rincón de mi vida que Marido tenía que conocer y para mi ha significado muchísimo que él me haya acompañado.
Han sido unos días que me han dado fuerzas para seguir luchando, he podido recargar las baterías con el amor en brazos de personas mágicas a las que quiero hasta el infinito y más allá y eso es algo que no tiene precio.

 

Además de haber podido desconectar por completo de la realidad, disfrutar del sol, del buen tiempo, de la buena comida, de la lectura, de no haber pensado en abosulamente nada mas que en ese preciso momento, disfrutar de esos instantes, del presente. Es algo que hacía mucho tiempo no lograba hacer y a mi corazón le ha sentado como un soplo de aire fresco.

Las despedidas han sido durísimas, no he llorado tanto en mi vida al despedirme de alguien y es que pasé el rato en el de la puerta de embarque del Aeropuerto de A Coruña hasta llegar a Madrid llorando como nunca. Marido, que tiene una paciencia infinita, me dio todo el consuelo que se le puede dar a alguien a quien se le parte el corazón en un momento así, si no llega a ser por su compañía creo que me hubiera dado un síncope. Mi corazón me pedía quedarme allí, en mi refugio personal, en mi paraíso de felicidad.

A pesar de la dureza de las despedidas han sido dos semanas geniales. También he podido disfrutar de todo el amor de Suegros, que eso ha hecho las cosas mas fáciles y ha suavizado el dolor de haber dejado mi rincón feliz tan lejos.

Por lo menos he vuelto con las pilas a tope y la batería de repuesto también cargada, también los tanques de vitamina D porque he podido y tomar el sol un ratito cada día durante dos semanas, que después de un invierno gris de tan solo unas 15 horas de sol en los dos meses mas fríos no está nada mal.

¡Un saludo y hasta la próxima!


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Comentarios

  1. Me alegro mucho. Te merecías esa pausa!

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  2. Ay! No sabes como te entiendo! Amo Galicia. Allí sané, me adoptaron y quisieron. En Galicia comencé a ser feliz de verdad, una conexión esoecial con la tierra, con el clima. Galicia. Donde en unas semanas habré de volver y de la que espero no regresar con el corazón partido :').

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