Carta a la infertilidad

Desde fuera se tiene la idea de que cuando una mujer va a una clínica de fertilidad (si, mujer, porque de los hombres nadie se acuerda en estos casos) nada más tienen que entrar por la puerta y allí le meten un bebé para que salga de allí embarazada. Tampoco se trata de escribirle una carta a la agencia estatal de cigüeñas para encargar un niño.


En serio, confieso que al principio, con toda la ilusión de los primeros meses de búsqueda, yo también pensaba que sería así de sencillo. Que ilusa.
Después de un año metida con mi pareja de lleno en clínicas de reproducción asistida, y recibiendo ayuda espiritual (por llamarla de alguna manera) por parte de un gran grupo de apoyo y grandes mujeres que desde la distancia están ahí, se que las clínicas de reproducción asistida no son esa fábrica de niños que todo el mundo tiene en mente, al menos con un parecido muy muy de lejos a lo que podría ser una fábrica de niños.

El camino en reproducción asistida para conseguir un embarazo se parece mucho más a un parque de atracciones lleno de montañas rusas de toda clase que a una fábrica, y no es solo sensación mía porque la gran mayoría de las personas que están metidas en tratamientos de fertilidad con las que he hablado del tema lo han definido del mismo modo. Si, un parque de atracciones.
Cada fase tiene una tensión diferente, hay momentos en los que uno piensa que jamás va a llegar a la cima que se viven con muchísima tensión y cuando se llega a la cima todo va en modo caída libre dejando que la tensión se convierta en euforia mezclada con un poco de pánico, visto así suena muy divertido pero en el momento en que uno se recupera del susto de la caída llega otra subida, puede que mayor que la anterior, dejando atrás la alegría.
Todo esto no solamente son caídas rapidísimas y subidas muy lentas, también va acompañado de bucles y giros de todas las clases y la mayoría del tiempo uno no sabe ni donde agarrarse, si tirarse de los pelos o saltar al vacío, lo mejor es que nos agarremos a quien va a nuestro lado. Hay muchos momentos que de la emoción se nos olvida que nuestra pareja va sentada en el mismo vagón.
Lo mejor es que demos la mano a quien va sentado a nuestro lado y gritemos juntos, porque esa persona es quien mejor nos va a entender. Quizás alguien que vaya sentado en el vagón trasero o alguien que ya haya estado en el mismo parque de atracciones, pero nadie mejor que la persona que va sentada a nuestro lado, sufriendo los mismos altibajos, las mismas caídas, los mismos giros inesperados.

También hay quien dice que es una lucha, si se tiene en cuenta la cantidad de veces que hay que pedir que nos hagan caso como pacientes entonces si que lo es.
Cuando a los 8 meses de búsqueda o así yo llamé para pedir una cita en ginecología porque sabía que algo no estaba bien (ciclos irregulares no es que sea señal de que todo marcha estupendo) me dieron a entender que exageraba y que no creyeran que fuera para tanto. Pero sinceramente ¿quién mejor que la propia mujer para saber que algo falla en su cuerpo? Si es cierto que hay momentos en los que nos invade la paranoia y por un pequeñito dolor de nada nos preocupamos demasiado, para que vamos a negarlo, pero si al teléfono yo les estoy diciendo que sufro de ciclos irregulares y que llevamos 8 meses de búsqueda es que algo falla lo último que quiero es que se rían en mi cara y me digan "llame cuando tenga una falta de menstruación" ¡¡Pero que falta ni que leches!! Le estoy diciendo que mis ciclos son irregulares y voy por el día 64 de ciclo, test de embarazo negativo y tengo síntomas de embarazo (tal cual así fue y aun así insistían que estaba todo bien).

Así que, si acabas de empezar el camino abróchate el cinturón porque vienen curvas.

¡Un saludo y hasta la próxima!

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