La anécdota de las llaves

En España, en todo el manojo de llaves de casa, tenemos una llave para cada puerta. Llave para el portal, llave para el garaje, llave la puerta de casa, llave para la puerta de la verja de la parcela, llave del buzón... En definitiva, un montón de llaves solo para acceder a casa.
Cuando llegué a Suiza en el verano del 2006 mi padre me dio un llavero con dos llaves, sin explicaciones. La llave del portal y la llave de la puerta de casa (al menos aquella fue mi deducción). 

(Anécdota que creo que ni si quiera mi padre conoce, ¡hola papá!)
A la vuelta de mi primer día sola por ahí llegué decidida a abrir la puerta del portal, estuve lo que a mi me parecieron unos 10 minutos intentando abrir la puerta con la llave del portal y no había manera, ni probé la otra llave porque era mas grande y en definitiva esa sería la de la puerta de casa. Menos mal que en ese momento llegaba una señora y muy amablemente me dio asistencia técnica explicándome que la llave que yo creía del portal era ¡la del buzón!, y ¡que es la llave de la puerta de casa la que abre las dos puertas! 

Menudo corte, qué pensaría de mi aquella señora en aquel momento, aquello me desencajó por completo.
¡Una misma llave para dos puertas diferentes! Con la que por cierto todos los vecinos del edificio abren la puerta del portal pero solamente la puerta de su casa.
Después me di cuenta de que en la gran mayoría de las casas es igual, que solamente tienen una llave.

Aquella fue mi primera lección y mi primer ejemplo claro en vivo a que en Suiza las cosas se hacen de manera simple, sencilla y eficiente.

¡Qué tengáis buen día!
¡Un saludo y hasta la próxima!

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