Estar de vacaciones

Lo bonito de estar de vacaciones es poder pasar del teléfono durante dos semanas, irse a la cama sin la preocupación de tener que poner el despertador, sin tener que mirar cada mañana el horario de trenes para no llegar tarde al trabajo.
Ir a la playa un par de horas después del desayuno, no tiene precio, tener tanto calor por las noches que hasta las sábanas sobran, poder comer esas cosas ricas que cuándo uno está en casa no las hay.

Siempre hay algún pero, y es que ya no tengo costumbre de tener que esquivar mierdas de perro cuando camino por la calle a modo Humor Amarillo (así es España), el asqueroso aroma a pis de perro en los parques públicos. Es curioso como en los últimos años, los que llevo fuera de España, a todo el mundo le ha dado por tener perro. No deja de pasar por mi cabeza una frase a modo exclamación que soltó mi abuela hace un par de años tipo "¡ala! ¡qué no pueden tener hijos pero tienen perros!".
(Ojo, que no estoy comparando los hijos con los perros, no quiero que nadie lo entienda así).

Aun así, a pesar de los excrementos de perro, me gusta estar de vacaciones porque desaparecen las migrañas, mis ojeras se hacen mas pequeñas y mi cuerpo está en modo reposo (que es la mejor parte de las vacaciones).

¡Un saludo y hasta pronto!

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