Alacenas vacías

A dos semanas de irnos, nuestro piso ya no parece nuestro, nunca es que me haya sentido muy en casa en este piso porque desde el principio tuve en la cabeza que sería temporal, lo temporal se convirtió en cuatro años y en todo este tiempo nunca he dejado que me llenase esa sensación de echar raíces entre estas cuatro paredes.
Pero ahora mas que nunca, al fin, tengo esa sensación en el cuerpo de que de verdad nos marchamos de aquí, ya no hay nada colgado en las paredes y están tapados los agujeros de los clavos (gracias a mi suegro), tampoco hay lámparas, estamos con las bombillas colgando como si fuera de obra (de nuevo gracias a mi suegro). Los muebles están cada vez mas vacíos, hemos vaciado ya todo el contenido de nuestras mesillas de noche y lo que mas me impresiona es que ya hay muchas alacenas de la cocina vacías, solo hemos dejado un par de utensilios para poder cocinar con lo mínimo y lo que queda de comida que la idea es ir gastándolo para no llevarnos todo abierto en el traslado, hasta el congelador está ya vacío y el frigorífico intentaremos no llenarlo e ir comprando al día lo mínimo que vayamos necesitando para que el último día lo podamos apagar.

No es que me sienta triste por irme de este piso, como ya he dicho siempre he procurado no cogerle demasiado cariño, pero es donde dimos los primeros pasos juntos como matrimonio, el primer lugar donde mi marido ha vivido en Suiza y eso le da un tono de hogar a la caja de cerillas.

Todavía quedan muchas cosas por recoger, pero ya va cogiendo forma, aun hay cosas que no se dónde guardar que terminarán inevitablemente en una última caja miscelánea, cosa que no soportaré porque me gusta que todo esté en su sitio, hace las cosas mucho mas fáciles a la hora de colocar trastos cuando salen de las cajas, pero no queda otro remedio.

Solo dos fines de semana y ya estaremos en nuestro nuevo castillo, no me puedo creer que ya estemos tan cerca.

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