La impaciencia por el contrato

Hoy hemos recibido por correos el contrato de alquiler para el palacio, porque a comparación de nuestro actual piso aquello será un palacio.
Lo mas gracioso de todo es que aquí en Suiza la palabra de la gente es válida como contrato, y si la mujer de la inmobiliaria me dijo el jueves al teléfono que el piso es para nosotros así igual que si se hubiera firmado en papel. 
La llamada de la inmobiliaria la recibimos el jueves, y mi pobre marido que aun no se fía mucho de la confianza que hay aquí en las personas estaba hoy (lunes de la siguiente semana) ya de los nervios porque "a ver si nos van a quitar el piso o nos van a hacer la guarrada de luego decirnos que no es para nosotros, llama a la inmobiliaria a ver si envían el contrato por correo o hay que ir allí a firmarlo". Bueno, pues llamé para calmar sus nervios, aun que yo bien sabía que si la mujer nos dijo que prepararía el contrato así sería y que lo recibiríamos por correo o bien una llamada para pasar por allí, efectivamente tal como yo había previsto la información que me dio la mujer al teléfono era que llegaría por correos.
En efecto, cuando salí de casa esta mañana para irme al trabajo, miré en el buzón, mas que nada por la tranquilidad de mi marido, allí estaba un sobre gordo con el logotipo de la inmobiliaria.

Si, hemos firmado. El segundo contrato que firmamos juntos (el primero fue el matrimonio hace un par de años) y estamos como dos niños con zapatos nuevos.

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